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Historia de la abogacía

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Orígenes de los abogados

La palabra ‘abogado tiene su origen  en la  expresión latina ad vocatus cuyo significado es ‘llamado a’. Es decir, que el abogado es la persona llamada a defender los intereses y los derechos del litigante. Por lo tanto podemos definir al abogado como la persona encargada de defender como perito en derecho positivo, ya sea de palabra o por escrito los intereses del cliente.

También, en ocasiones, se dice que la palabra viene del término ‘bozero’ que quiere decir ‘conocedor de las leyes y habilidoso en el arte de manejar las palabras’. Este término viene de la época de Alfonso X EL sabio.

Importancia de la abogacía

La importancia de la abogacía está fuera de toda duda y lo ha estado a lo largo de toda la historia. Básicamente, la figura del abogado es de gran importancia por tres cuestiones clave:

  • La figura del abogado es el representante llamado a defender los derechos y los intereses como individuo de todos los ciudadanos.
  • Nuestro abogado es el encargado de defender las garantías que dicta la Constitución y que nos corresponden a cada uno de nosotros.
  • Al abogado le corresponde luchar contra los abusos de poder que se puedan producir por parte del gobierno y la administración pública contra una persona física o jurídica.

Historia

En este punto, conviene distinguir dos cosas, por un lado, está el hecho de abogar, es decir, la acción de defender a alguien sin ningún tipo de compensación económica. Esta parte de la abogacía se remonta a culturas antiguas como Babilonia, Grecia, Israel etc. En esos tiempos se defendía a las personas por honor y gratitud.

La profesión de abogado, aparece más tarde cuando personas con vastos conocimientos de las leyes deciden defender a la gente a cambio de una compensación monetaria. En el antiguo oriente e Israel, aún no encontramos esta figura, sino a la persona que defiende a otros por caridad. Es en la antigua Roma cuando se empieza a perfilar la abogacía como una profesión.

En la antigua Roma, los abogados eran elegidos por los pretores, los cuales escogían a personas con buena oratoria para defender a otros, de ahí la expresión ad vocatus (llamado a). Al ser más intensa la vida jurídica, empezaron a exigirse estudios concretos para poder ejercer la profesión de abogado. En esa época ya existían los abogados de oficio, que debían inscribirse en un registro y su número estaba profijado y era limitado, además, debían usar toga blanca.

Por aquel entonces ya existían normas y reglas básicas que incluso hoy en día se tiene en cuenta a la hora del juicio. En España, se promulgaron las llamadas normas de las Siete Partidas, en las cuales se fijaban los requisitos para poder ser abogado. Ya por aquel entonces, los abogados debían matricularse y tenían la obligación de guardar el secreto profesional. Las apelaciones debían ser realizadas con respeto, pues de lo contrario, podían ser sancionados. El respeto entre jueces y letrados debía ser total.

A partir de siglo XIX la abogacía empezó a ser considerada una profesión liberal. Esta profesión podía ser ejercida únicamente por personal preparado a  tal efecto que pudieran garantizar el buen ejercicio de la profesión, exigiéndose para ello unos estudios específicos y una experiencia práctica.

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