Qué es, cuándo hay obligación de solicitarlo y cómo termina
Resumen rápido: El concurso de acreedores es el procedimiento judicial que ordena de forma colectiva la situación de una persona física o jurídica que no puede cumplir regularmente sus obligaciones exigibles, con el fin de satisfacer a los acreedores conforme a un orden legal y, cuando es viable, permitir la continuidad de la actividad.
Definición flash: Procedimiento judicial que ordena de forma colectiva la insolvencia de una persona o empresa para pagar a los acreedores según un orden legal.
Etiqueta lingüística
«Concurso» aquí no es competición ni oposición: es concurrencia de acreedores sobre un patrimonio que no da para todos. Y tampoco es lo mismo que la vieja «quiebra» o la «suspensión de pagos»: aquellas figuras desaparecieron, y el vocabulario de los años ochenta sigue circulando.
Definición técnica
Su presupuesto subjetivo es amplísimo. El artículo 1.1 del Texto Refundido de la Ley Concursal dispone que la declaración de concurso procederá respecto de cualquier deudor, sea persona natural o jurídica: no es un procedimiento solo para empresas.
Puede pedirlo el propio deudor o un acreedor —de la legitimación se ocupa el artículo 3— y se abre con el auto de declaración. Conocen de él las Secciones de lo Mercantil de los Tribunales de Instancia, según el artículo 87 de la Ley Orgánica del Poder Judicial.
Aplicación práctica
El error más caro es llegar tarde. Cuando el concurso se solicita con la caja vacía, ya no hay margen para continuar la actividad y el procedimiento solo sirve para liquidar ordenadamente. Anticiparlo amplía las salidas.
Para el acreedor, lo decisivo es comunicar el crédito en plazo y con su documentación, y saber en qué clase entra: de eso depende cobrar antes, después o no cobrar. Confiar en que la lista lo recoja bien sin revisarla es un descuido frecuente.
Contexto legal en España
La materia se ordena en el Texto Refundido de la Ley Concursal, que reunió una regulación muy modificada desde 2003, y se completa con la normativa sobre reestructuraciones e insolvencia de la persona física.
Ese es hoy el punto que más interesa a los particulares: el sistema contempla vías específicas para el deudor no empresario, con reglas propias distintas de las pensadas para la empresa.
Normas clave a tener en cuenta
- Texto Refundido de la Ley Concursal, artículo 1.1
- LOPJ, artículo 87
- Texto Refundido de la Ley Concursal, artículo 28 (auto de declaración de concurso)
- Texto Refundido de la Ley Concursal, artículo 3 (legitimación para solicitar el concurso)
- Artículo 363 de la Ley de Sociedades de Capital (relacion entre disolucion y concurso)
- Texto Refundido de la Ley Concursal, artículo 2 (presupuesto objetivo: insolvencia actual e inminente)
- Texto Refundido de la Ley Concursal, artículo 5 (deber de solicitar el concurso en dos meses)
- Texto Refundido de la Ley Concursal, artículo 269 (clases de créditos)
- Texto Refundido de la Ley Concursal, artículo 443 (supuestos de concurso culpable)
- Texto Refundido de la Ley Concursal, artículo 444 (presunciones de culpabilidad)
- Texto Refundido de la Ley Concursal, artículo 455 (sentencia de calificación e inhabilitación)
- Texto Refundido de la Ley Concursal, artículo 456 (condena a la cobertura del déficit)
- Texto Refundido de la Ley Concursal, artículo 585 (comunicación de la apertura de negociaciones)
- Texto Refundido de la Ley Concursal, artículo 590 (suspensión de ejecuciones sobre bienes necesarios)
Qué no es / diferencias clave
- Quiebra o suspensión de pagos
- Son denominaciones de la legislación anterior. El ordenamiento vigente unifica ambas situaciones bajo el concurso de acreedores.
- Segunda oportunidad
- No es un procedimiento distinto, sino el mecanismo de exoneración del pasivo insatisfecho que se obtiene dentro del concurso de persona física.
- Disolución y liquidación societaria
- Es el procedimiento ordinario para extinguir una sociedad solvente. El concurso presupone insolvencia y somete el reparto al orden legal de créditos.
- Concurso mercantil (México)
- Es el nombre que la Ley de Concursos Mercantiles mexicana da al procedimiento equivalente al concurso de acreedores español, con sus propias fases (conciliación y quiebra) y su propia regulación. No es la misma norma ni el mismo procedimiento, solo la figura análoga en otro ordenamiento; esta ficha describe el Derecho concursal español.
Términos relacionados
Insolvencia actual e inminente
La distinción gobierna toda la materia. Hay insolvencia actual cuando el deudor ya no puede cumplir regularmente sus obligaciones exigibles, e insolvencia inminente cuando prevé que dentro de los tres meses siguientes no podrá cumplir regular y puntualmente sus obligaciones (art. 2.3 del texto refundido de la Ley Concursal).
Ante la insolvencia inminente el concurso es una facultad, y es el momento en que más margen existe para reestructurar. Ante la actual, es un deber legal: hay que solicitarlo dentro de los dos meses siguientes a la fecha en que se conoció o debió conocer la insolvencia (art. 5), y no hacerlo hace presumir culpable el concurso salvo prueba en contrario (art. 444.1.º).
Antes del concurso
La ley ha ido incorporando instrumentos para actuar antes de que el concurso sea inevitable, precisamente porque llegar tarde reduce las opciones de salvar el negocio.
- Comunicación al juzgado del inicio de negociaciones con los acreedores (art. 585), que permite suspender las ejecuciones sobre los bienes necesarios para la continuidad de la actividad (art. 590.2)
- Planes de reestructuración, que permiten reorganizar la deuda con las mayorías legales y vincular incluso a acreedores disidentes
- Procedimiento especial simplificado para las empresas de menor tamaño
Cómo se desarrolla
Declarado el concurso, se nombra un administrador concursal que determina la masa activa y la lista de acreedores, distinguiendo los créditos contra la masa de los concursales, que se clasifican en privilegiados, ordinarios y subordinados (art. 269). Ese orden decide quién cobra y cuánto.
El procedimiento puede desembocar en un convenio con los acreedores, que permite la continuidad, o en la liquidación del patrimonio. En ambos casos se abre la pieza de calificación.
Fortuito o culpable
El concurso se califica como fortuito o culpable. Es culpable cuando la insolvencia se generó o agravó por dolo o culpa grave del deudor o de sus administradores: las salidas fraudulentas de bienes en los dos años anteriores o las irregularidades contables relevantes lo determinan en todo caso (art. 443), y el retraso en solicitar el concurso hace presumirlo salvo prueba en contrario (art. 444).
Las consecuencias de la calificación culpable son personales (art. 455): inhabilitación de dos a quince años para administrar bienes ajenos y para representar a cualquier persona, pérdida de derechos como acreedor, devolución de lo indebidamente obtenido e indemnización de los daños. Y si la calificación se abre por la liquidación del concurso de una persona jurídica, sus administradores, liquidadores o directores generales afectados pueden ser condenados a cubrir total o parcialmente el déficit, en la medida en que su conducta generó o agravó la insolvencia (art. 456).
El concurso de persona física
Para particulares y autónomos, la pieza clave es la exoneración del pasivo insatisfecho, conocida como segunda oportunidad: permite quedar liberado de las deudas que no se han podido pagar, siempre que se cumplan los requisitos de buena fe.
Puede alcanzarse tras liquidar el patrimonio o mediante un plan de pagos que, en determinadas condiciones, permite conservar la vivienda habitual atendiendo el préstamo hipotecario. No todas las deudas quedan exoneradas: algunas tienen tratamiento específico y deben analizarse una a una.
Dato de autoridad
El artículo 1.1 del Texto Refundido de la Ley Concursal fija su presupuesto subjetivo: "La declaración de concurso procederá respecto de cualquier deudor, sea persona natural o jurídica".
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Preguntas frecuentes sobre concurso de acreedores
¿Cuándo estoy obligado a solicitar el concurso?
Cuando la insolvencia es actual, existe el deber de solicitarlo dentro de los dos meses siguientes a la fecha en que se conoció o se debió conocer esa situación (art. 5 del texto refundido de la Ley Concursal); y se presume que se conoció cuando se ha producido alguno de los hechos que permitirían a un acreedor pedirlo, como los embargos generalizados o el impago generalizado de las obligaciones. Si la insolvencia es solo inminente hay facultad, no deber. Cumplir el plazo importa mucho: el retraso es uno de los supuestos que puede llevar a calificar el concurso como culpable.
¿Puedo salvar mi empresa en un concurso?
Es posible, y de hecho las reformas recientes se orientan a ello mediante los planes de reestructuración y el convenio con acreedores. Ahora bien, las probabilidades dependen sobre todo del momento en que se actúa: una insolvencia abordada cuando aún es inminente tiene opciones que una detectada sin tesorería ya no tiene.
¿Voy a perder mi vivienda si me acojo a la segunda oportunidad?
No es automático. El régimen vigente contempla la exoneración mediante un plan de pagos sin liquidación previa de todo el patrimonio, lo que en determinadas condiciones permite conservar la vivienda habitual atendiendo el préstamo. Depende del valor del inmueble, de la deuda garantizada y de la vía elegida.
¿Se exoneran todas las deudas?
No. Determinadas obligaciones quedan excluidas o reciben un tratamiento específico, y el alcance de la exoneración del crédito público es uno de los puntos que más ha cambiado. Antes de plantear la solicitud hay que analizar la composición concreta de la deuda, porque de ella depende que la operación tenga sentido.
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